jueves, 6 de noviembre de 2008

DE LAS BESTIAS QUE ME ACOSAN

De las bestias que me acosan

Bestias cotidianas


En su ya citadísima y harto utilizada –por el psicoanálisis, la literatura– Carta del vidente, Jean Arthur Rimbaud escribe a su profesor de retórica: “Yo es otro”. Dos siglos después, y ya en terreno nacional, el poeta Oliverio Girondo, en su libro Persuasión de los días, en el primero de sus famosos Nocturnos, deja en claro que “no soy yo quien escribe estas palabras huérfanas”. Referencias, citas, testimonios en la literatura del yo como ese algo que no le pertenece al que escribe hay por doquier. Se enmarca dentro de la percepción particular del poeta (el yo como ajeno, como del otro) y va a ser el leit motiv del primer poemario de la autora De las bestias que me acosan. Esas bestias que están en permanente lucha con el yo, son las cosas cotidianas de la vida diaria, los objetos inanimados a los que el yo intentará llenar de contenido, de existencia. De ahí que las “bestias” acosen, quieran ser, busquen su lugar en el mundo, pero no como simples objetos inertes sino que intentan posicionarse del lado de los sujetos. Precisamente, es el reto con el afuera lo que desata la búsqueda de la universalidad (de la vida), en una fusión indeterminada que produce tensiones dentro del texto. Lo que pareciera estar en juego es el deseo de la unión plena y absoluta con lo otro (inanimado), que da la sensación, a lo largo del libro, de estar a punto de quebrarse en cualquier momento, sobre cada verso: las bestias amenazantes, monstruosas, están a la vuelta de cada página.

El poema Mudanza, que da título al primer apartado del libro, es un punto estratégico de inflexión. Tal vez no haga falta mencionarlo: aquello que se traslada y que se moviliza dentro del texto es el propio yo poético. “Algún día alguien va a abrir la puerta / y va a entrar a este lugar vacío, / a este lugar donde se queda todo.” Y a continuación se detalla todo lo que “se queda”. No son sólo objetos, son pequeños lugares de pertenencia, de ensamblaje con el alma humana: también se quedan “las paredes con mis cosas”, “los besos que colgué en cada marco”, “la ducha abierta, los cuerpos.” Quien se vaya de ese lugar, por lo tanto, se va en plena lucha con su alrededor; de esta manera, concluye: “me voy a cualquier lugar, / a ser mi propio fantasma.” Ese ser que no es y que está, el fantasma (perfecta ambigüedad, metáfora absoluta que permite contemplar a algo que no está presente y sin embargo es), define al yo en toda su dimensión: no queda nada en lugar del sujeto enunciador, puesto que ahora está vacío (se ha mudado) y debe llenarse con esas pequeñas, nimias y triviales cosas de la casa. Es justamente la poesía quien dota de latidos, bestias silenciosas y cotidianas, a ese lugar.

Otra premisa constante se desarrolla en torno a la totalización; como una forma de la fragmentación que se produce en el yo, que delimita espacios. Para que lo otredad finalmente pueda estar en el lugar de quien escribe, es necesario totalizarlo, volverlo por entero parte de su ser, es decir, otorgarle vida. En este sentido, se lee en el poema De la basura, de esta noche y de Dios: “Una hormiga lleva a cuestas / un pedazo de algo / que alguna vez fue un todo; / un hombre tiene una mirada / que alguna vez fue un todo.” Y versos más abajo, leemos: “yo me quedo quieta / temiendo por mi todo, / sin atreverme a revisar / mis pedazos.” La totalidad como forma de trascendencia es una de las claves de estos poemas. Por eso, “nunca se sabe para dónde dispararán los versos / cuando hay insectos en la casa.” (Del poema Insectos en la casa).

Como escribiera Alejandra Pizarnik, en el poema 13 de Árbol de Diana:

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

Lo que no se puede explicar con palabras, lo que nació para no ser dicho, encuentra su forma última en la disociación del yo (que, como se verá, no es nombrado en el poema de Pizarnik, pero que está tácito) y al que es necesario vaciarlo por completo. ¿Qué queda en su lugar? Los fantasmas, las bestias, los objetos (animados). Otra vez, quien triunfa, es el no-yo en la poesía. Es la pérdida con todo contacto humano hasta lograr la carencia total de lenguaje: un sentimiento vacuo que se genera en la esencia misma del poema, alienado por naturaleza como esos “insectos en la casa” (en el mejor de los casos se ubica próximo al Gregorio Samsa de Frank Kafka, que da cuenta del horror y lo extraño de estar vivo): un yo poético perpetrado porque las cosas se muevan, tosan, rían, coman, canten como el sujeto enunciador del presente libro. Ya en el poema Captar, del segundo apartado, se nos advierte que “en otra época / cuando me creía poeta / y escribía cientos de cosas / en el mero intento de decir algo, / huyó mi boca / y se llevó los labios.” ¿Cómo explicar con palabras de este mundo que huyó mi boca y se llevó los labios? La preocupación estética de este poemario tiene –como en buena parte de la obra de Alejandra Pizarnik– resonancias nostálgicas, pasajes oscuros plenos de lucidez, voces que se propagan por lugares vacíos hasta resquebrajarse; voces enmudecidas por el contacto frío con las cosas, que buscan finalmente su integridad en esas bestias externas, sedientas de vida.

En otro nivel, digno de mención, se halla la sangre. Es uno de los lugares al que se aferra el texto por una serie de características que van poblando los poemas. Hay una connotación vampiresca con el rojo de la sangre, pero también –vaya paradoja– con lo pueril y ridícula de ésta. El primero de los versos del libro dice: “Me subestiman / porque me impresiona la sangre”, y en Moscas negras de sangre roja, se insiste con que “la sangre me impresiona”. En el poema Una calle anémica, la vereda tiene “baldosas de sangre”. A esta altura no parece descabellada la sentencia de que el libro se inscribe en torno al cuerpo y sus derivados. Insectos, moscas, agua en las paredes, gotas de lluvias, hojas secas que resucitan: la escritura entonces se celebra en el reencuentro con lo otro; los objetos que pueblan nuestro mundo, al fin, quieren decirnos algo por medio de esta escritura. Quizá, como los seres humanos nacemos con un destino común (la muerte), los objetos, a través del poema intentan desesperadamente alcanzar el status de eternos. Eternizar: es uno de los fines, si es que acaso exista finalidad en literatura, de esta obra y todo a través de la humanización de objetos inertes. Así lo afirma el poema Víctima del tiempo: “Qué van a decir de mí / cuando me agache / ante una hoja seca / y la tome en mis manos / con el único fin / de resucitarla (…) / destrozando su posibilidad / de convertirse, / irremediablemente, / en víctima del tiempo. Adentrarse en la lectura de estas bestias es cruzar un pantano plagado de voces y registros que acechan desde el más allá; o tal vez desde el más acá.
Es el lector quien juzgará la procedencia de esas voces-bestias.



D. P.









Dedicatoria




A mis viejos, Alba y Eduardo.
A Yamila y Martín.
A Derian.
A Faby, Eduardo y Gogo.
A mi familia, en fin.
A Pato, Raquel, José, Leandro, Walter, Guido,
Isabel, Eduardo y Nancy.
A los que no necesitan ser nombrados.
A la noche, que me regresa las palabras
que creía haber perdido.












A manera de prólogo



PARA QUE ACABE ESTA NOCHE

I/

Me subestiman
porque me impresiona la sangre.
Yo voy a matar esta noche.
Apilaré prolijamente los cadáveres
despellejados,
decapitados,
amoratados,
malhumorados.
Apilaré abdómenes
orejas,
hombros,
piernas,
mandíbulas,
y cuando no quede nada
más que una entrepierna,
honraré a las putas,
como si fueran las únicas
capaces de escribir
con semen.

II/

Estoy mirando desde el techo
las letras que se me caen de la boca,
cómo copulan desde cualquier vértice
con las yemas de mis dedos,
tan inútiles,
que ni siquiera son capaces
de arrancarles un orgasmo.

III/

Me sobrecoge
la compatibilidad
entre la carne y los gusanos;
ergo,
mis dedos sabrán qué hacer
mientras esté con vida.

IV/

Todas las formas,
las humedades
y los olores,
me llevan directo
a diez centímetros
más abajo de tu vientre.
O en todo caso
a diez centímetros
más arriba de tu cama.

V/

Con cuatro labios,
en cuatro patas,
con una lengua,
puedo chupar
los cien minutos que faltan
para que acabe esta noche.



I.
Mudanza




TE DIO

La gente cuando se aburre
se muda,
se golpea el pecho
esperando escupir bufones,
pinta pedazos humanos
en el piso.

La gente cuando se aburre
inventa palabras invisibles
y vomita sobre libros.

Yo, cuando me aburro,
cuelgo mis ojos en un espejo
y me arranco un mechón púbico
esperando oír
un no como respuesta.




DE ESTA NOCHE, DE LA BASURA Y DE DIOS

Necesité mover mi cuerpo,
sacarlo a la calle.

Esta noche tiene mucho,
como cualquier noche.
Desde este tronco,
al costado del parque,
se ve todo lo visible
y lo no visible.

Una hormiga lleva a cuestas
un pedazo de algo
que alguna vez fue un todo;
un hombre tiene una mirada
que alguna vez fue un todo.

Colapsa esta noche
o los que respiramos en ella.
Todo se mueve en cámara lenta
pero los pájaros corren
a esconderse,
no sé bien si de la oscuridad
o de nosotros;
en la basura hay ruido
siempre hay ruido,
el hambre tiene arcadas
pero traga.

Empiezo a caminar
para liberar estrógeno,
tan solo dos cuadras
y todo cambia tanto,
en esta calle
la basura es silenciosa,
las luces potentes
y no hay insectos reales,
apenas burdos imitadores.

La noche de esta cuadra
parece día,
la oscuridad por acá
tiene la entrada prohibida
y los ojos
la mirada dibujada.

Yo sigo buscando a dios
y se me ocurre
que no miro hacia el lugar indicado
porque siempre caigo
en los mismos ojos
en las mismas basuras
en las mismas pisadas,
sucias, vacías, pobres.

Y me respondo yo misma:
Dios no está, no vino a esta cuadra,
ni a este barrio
ni a esta vida.

Y me vuelvo a casa
más callada, un poco más lenta,
como esperando que me alcance,
se me adelante y me muestre otra cara
que la que veo todos los días.

Me siento en el mismo tronco
y veo a la misma hormiga
un poco más adelantada,
y al hombre,
el mismo hombre,
con el mismo pedazo de mirada
pero que ahora está gris.

Yo me quedo quieta
temiendo por mi todo,
sin atreverme a revisar
mis pedazos,
porque no puedo recordar
si le di alguno a la hormiga
o al hombre
que ya no están visibles.



DERIVADO DEL DOLOR

Cada estúpida nota
de esta ridícula música
que juega a conquistar
lo que tengo de inconquistable,
me produce el mismo rechazo
que me produciría
el llanto exagerado de un niño;

y no por niño
ni por exagerado,
sino porque acá adentro
no hay más espacio
para nada que tenga que ver
con llanto
ni con ningún otro derivado
del dolor.



MUDANZA

Algún día alguien va a abrir la puerta
y va a entrar a este lugar vacío,
a este lugar donde se queda todo.

La mesa que camina en una pata,
los amigos, los mates, las historias,
las noches de dados, los insultos,
algún billete verde, la cerveza,
pedazos de los tantos que estuvimos
quejándonos de encerrados en la carne.

Se quedan las paredes con mis cosas,
con todos los momentos, los insomnios,
los besos que colgué en cada marco.

Se quedan mis mejillas y mi vientre
con esta piel de semen, de domingo.
Se queda el humo gris, los mil cigarros,
el cuadro, los azules, los pezones,
la tela en la ventana, los insectos.

La ducha abierta, los cuerpos, el sudor,
las máscaras mirando desde arriba,
la gata y su silencio de ojos verdes.

Yo me voy para no asustar a nadie,
sin las llaves y ausente de pasado,
me voy a cualquier lugar,
a ser mi propio fantasma.





II.
Con agua en las paredes






INSECTOS EN LA CASA

_________________A José Duarte Penayo

Una hilera de luces
atraviesa la niebla
que opaca las primeras señales
de una mañana débil.

Por lo que parece,
esto será un poema derramado
entre costales de insomnio
y cáscaras de naranja,
que como si fueran piel
abrazan mis dedos.

Una especie de insecto
se posa sobre la cornisa, en la ventana,
y me mira fijo
mientras con un extraño movimiento
de sus alas transparentes,
intenta llamar mi atención
que, por cierto, hace rato es suya.

Pero es un insecto,
cómo va a darse cuenta
que lo estoy mirando;
cómo va a imaginar
que intento imitar su vuelo.
Él no sabe que lo envidio,
que quiero ser así de insignificante
y causar el mismo rechazo.

Morir aplastada por una palmada
o por un puño que como maza
estrelle todo mi cuerpo
sería mejor que
vivir torturada por una palabra
(debí decir triturada).

Se acerca
creyendo que soy una más que lo ignora,
que va a asestarle un golpe traicionero.
Y quizá no se equivoque:
cuento con varios cadáveres de moscas
desde que la primera me convirtió en asesina.

Me mira y lo miro.
Yo tratando de adivinar qué bicho es
y él intentando alargar la mirada,
o en una de esas
quiere morir y no se atreve a suicidarse,
porque después de todo
debe ser casi imposible dejar de aletear
y tirarse desde un hombro
para acabar aplastado en un piso
que ni siquiera le servirá de sepultura.

Pensar que iba a escribir
sobre el alba, el amanecer
o sus derivados.
En fin,
nunca se sabe para dónde dispararán los versos
cuando hay insectos en la casa.


CAPTAR

En otra época
cuando me creía poeta
y escribía cientos de cosas
en el mero intento de decir algo,
huyó mi boca
y se llevó los labios.

Desde entonces
ya no puedo hablar,
apenas garabateo alguna
que otra palabra.

Pero escucho;
escucho cómo retumban
los ecos de mis espasmos
y ahora sé
que no hay que saber escribir,
sino captar
esos pequeños ruidos
que se resbalan
por mi cuerpo.



CON AGUA EN LAS PAREDES

Destrozo las horas
con la punta de este humo
que dispara mis labios
y recorro los rincones
que a veces perecen tragarme.

Muevo los dedos
como si eso fuera a producir
una catarata interminable de palabras.

Las notas del claro de luna
se agolpan en el aire,
se pelean por sobrevivir
a semejante sobredosis de repetición.

Inútil pensar en un verbo
que sea capaz de detonar
un sin número de metáforas;
inútil escarbar con la mirada
en los lugares
a los que sólo tiene acceso
la memoria.

Será otro poema fracasado,
otro derroche de títulos vacíos,
de renglones marcando nadas
sin una mosca que se desangre,
sin un ocaso que sobreviva,
sin ni siquiera un pájaro
que refresque mis orejas
de un aleteo.

Cuánto tiempo pasó
desde que pretendí vomitar
unas cuantas comas oxidadas;
cuánto desde que se le antojó
a mi páncreas producir tanto ácido.

Cuánto pasó desde que estoy sentada
en la cúspide de la vida
esperando que una ráfaga
me dicte las palabras justas.

Sigo al humo que se abre,
un círculo perfecto que traga
la impotencia de esta noche
y de otras olvidadas, muertas,
repletas de la misma soledad,
del mismo hastío.

Pienso en la cena, en la mesa,
en las sillas alejadas,
en la cama fría,
en crear un gran poema
y sonrío, sonrío al ver los garabatos
que entre tanta mediocridad
parecen tener forma de algo.

Me dan miedo los trazos del humo
y los rincones;
me dan miedo mis dedos rápidos
y la quietud de la lámpara.

Parece que finalmente
dejaré estos papeles
o estrellaré la pluma,
y en una de esas
escriba con agua en las paredes.



MOSCAS NEGRAS DE SANGRE ROJA

_________________A Derian

Iba a escribir
que las moscas me aletean en la cara
como si tuviera estiércol en las cejas,
pero pensé en que sería un poema desdichado,
o rechazado por el público adulero
debido a la violenta ausencia de amor,
soledad, dolor, cualquier otro sentimiento
capaz de hacerles estallar las entrañas
o hacer que se les frunza la boca
en un alargado y desencajado oh.
Entonces maté a las moscas como pude
porque la sangre me impresiona.
Y acá estoy, escribiendo sobre el negro,
el negro del teclado,
de la noche,
o de las moscas,
muertas,
aplastadas,
desaladas,
y no se me ocurre una palabra agradable
para mejorar la movilidad de mis dedos
que tardan un siglo para incrustarse en una eme,
y luego se quedan como en suspenso
mientras miro de reojo a las moscas
(muertas,
aplastadas,
desaladas)
porque la sangre me impresiona.




III.
Carne que espera




EN UNA GOTA DE LLUVIA

Estoy siguiendo a esa gota
que corre por el vidrio.
La sigo con mis ojos,
con mis dedos, con la lengua,
la desfloro con mi pezón,
me la trago.

Ahora soy lluvia
resbalando por la pared,
por los zócalos
y me hago piso;
piso mezcla
de cemento y de silencio,
de madera y de escarcha.

Soy lluvia de carne,
de sangre lluvia,
de lágrimas rotas,
de café quemado,
de sopa espesa.

Líquida, mojada,
dispersa, fresca,
desparramada bajo la luz
que se extingue,
lentamente.



NUNCA PIENSO

Existo y nunca pienso,
ya con existir tengo bastante.

Limpiar las calles de mis muertos
y pagar las deudas de mi conciencia,
armar cada mañana este cuerpo
acomodar en orden cada vértebra
de memoria
cada trozo de recuerdos.

Salir y caminar entre la gente
derrochando los minutos de mi tiempo;
bastante tengo con soportar el aire
dejarlo que se meta bien adentro.

Este conjunto de órganos que me harta
con su mecanismo tan perfecto,
independientes de mí, de mis lamentos
que funcionan a pesar de mi indiferencia.

Existo y nunca pienso;
pensar es de sabios, no es lo mío.

Yo existo y me arrastro por la vida
me desarmo cada noche sobre un verbo,
deshidrato todos los pensamientos,
cuelgo la piel en el ropero
y deposito despacio
esta bolsa de huesos
en la cama.



VOMITOS DE AIRE

_______________A Leandro Rodríguez Jáuregui

Tengo voces
metidas debajo de la piel.

Voces que se elevan por las noches
soportando sobre sus cuerdas,
unas enormes pancartas
que no veo.

Empujan el aire que se amontona
en el centro herido de mi esternón;
ellas quieren que las escupa,
que lea sus entre líneas
como si fuera
una adivinadora sin escrúpulos.
Quieren que les dé un cuerpo,
una lengua,
tal vez un poco de saliva.

Pero yo me duermo
en medio de la parálisis
que me produce
semejante atropello.

Me meten en mi jugo gástrico
y alteran mis expresiones.
Pero no consiguen más que
una mueca de fastidio
por haber humedecido mis cobijas.

Al amanecer, caen rendidas
en el hueco más hondo
de mi indiferencia,
entonces se duermen,
ellas y sus aclamaciones.

No son más que débiles
vómitos de aire,
a pesar de los cuales
puedo respirar normalmente.


SOUVENIR SIN NOMBRE

No hago otra cosa que pensar
en cómo no pensar.

Lo mismo me pasa
cuando me busco.
Trato, sin embargo, de no buscarme
para no tener que
terminar conmigo.

Porque inventar a una
como yo
(pero con sonrisas,
con un inagotable
estado de felicidad)
no me produce más placer
que soportar a esta
que llora y que de vez en vez
simula estar sin mí.

Después de todo
estar conmigo
a veces me hace
estar más sola
que cuando estoy sinmigo.

Y cuál es entonces la ventaja
de desaparecer
del cuerpo que me encierra,
si por lo menos acá
cada tanto siento cosquillas
o el ardor delirante de un orgasmo.

Por ahí no nací
con el don del pensamiento
o sólo fue un souvenir,
y ya sabemos que esos
no sirven ni para adorno.



CARNE QUE ESPERA

Me digo no lo pongas,
mirá que caminar por las paredes
suena más a frase hecha que a otra cosa.
Pero no tengo otra manera de dibujar
a mis pies aplastando las ranuras
que los succionan,
cada vez que se apoyan en el yeso
desparejo,
agrietado,
descolorido,
de la pared de mi pieza.

Y es porque no quiero pisar el suelo
por si se borran las marcas que dejé
para saber cómo vivir hoy,
para seguir la huella diaria,
para no perderme en esta pared,
porque no quiero ser un hongo
al que alguien puede limpiar con detergente.

Mi vuelta por esta casa
no es tan larga ni tan siniestra,
es que estos días en que me guardo
(porque no tengo que salir a ser cualquiera)
me dejo cautivar por las sillas,
por las ventanas,
los zócalos,
las cerraduras,
y en íntima amalgama con las puertas
soy manos, ojos, carne que espera
estar en el único rincón
en el que puedo ser yo misma.



VICTIMA DEL TIEMPO

Qué van a decir de mí
cuando me agache
ante una hoja seca
y la tome en mis manos
con el único fin
de resucitarla
y sólo consiga
hacerla crujir,
destrozando su posibilidad
de convertirse,
irremediablemente,
en víctima del tiempo.



IV.
Sobrenatural




SOMBRAS

Perdidos mis ojos,
cansados de buscar
donde posarse
atrapan a una sombra.

Indefinida,
con formas desparejas,
deambula delante de mí,
agachándose cada vez
que le apunto
con una bocanada de humo.

Y es que quiero asfixiarla
en mi obstinado afán
por verla desaparecer,
porque las sombras
me dan miedo.

Miedo porque
frente a ellas
corro el riesgo
de volverme invisible
y la verdad es que
no soportaría saber
que hasta las sombras
me ignoran.



DESAPARECE LA LUZ

Desaparece la luz
de las manos, de los ojos,
de los brazos descompuestos,
de los dedos que copulan con la boca,
con la lengua, con la ingle,
con la carne de enero
en la noche desierta de semen,
de legañas, de bostezos, de cerveza,
de figuras humeantes, deformes,
de encorvados acentos, escalones, almohadas,
entre náuseas, saliva, lágrimas resecas,
con angustia de domingo, de placenta,
de mariposas negras, de aguacero,
de preguntas incompletas, infinitas,
de respuestas escritas en rojo,
en las uñas del tiempo
que se clava en la esquina
izquierda
de una lápida
pretendiendo ser dios, cualquier dios,
que detiene o continúa
según se le da la gana.


EBRIA DE INSOMNIO

Abro la boca y practico,
practico un grito grande
aunque no tenga sonido,
un grito que me pinte
así, como estoy ahora,
descalza de contacto,
desnuda de sonrisas,
herida de sentidos,
muerta de vida.

Estiro los labios
alargando la lengua
que se enrosca
con la saliva,
quiero un grito enorme,
enorme de contorno,
un grito como el mundo
que me vacíe la rabia,
que me retumbe la tristeza
entre estas paredes que me miran
como si estuviera loca.

La boca no me alcanza
ni me da la voz,
los labios se me encogen
y por más que estudio la forma
de utilizar mis manos,
la cavidad tiene un límite
y mi grito se hunde,
se ahoga entre los órganos
pero no se muere,
desgarra los músculos
y azota mi cuerpo.

Ebria de insomnio
me cuelgo de los minutos,
muda e inerte,
para engañar a mi sombra
que amenaza con tragarme.


UNA CALLE ANEMICA

_________________A Martin Torres Neira

Una baldosa de carne
se calla
tras soportar el peso
de un cuerpo vacío.

Una baldosa tras otra
dibujan un camino de verbos,
no muertos, conjugados,
terminados en ir.

Se acumulan las noches
prendidas a las ventanas,
a fuerza de tanto esperar
una gota de algo
que sea mucho más que lluvia,
o en todo caso,
de una lluvia
que sea mucho más
que una gota.

Lluvia de zafiro
tiñendo los pezones de azul,
las miradas de vidrio
no miradas son espejos.

Se desdibuja el cielo
con un rayo que explota
con la misma intensidad
de un orgasmo,
partiendo a las nubes
cuando las atraviesa mi dedo.

La calle se viste de novia:
blanca, transparente,
virgen de caminantes,
esperanzada,
aunque sus baldosas sean de sangre
y ella
una calle anémica.



SOBRENATURAL

En medio de tanta oscuridad,
esos círculos de colores
parecen ser los dueños
de mi instinto de conservación.

Yo, mientras,
sigo esperando
que un milagro humano
me devuelva
ese par de horas,
que usualmente,
me mantienen despierta.

No hablo de nada
que tenga que ver
con algo sobrenatural;
sin embargo,
a juzgar por el tiempo que hace
que estoy enferma,
parecería que lo que espero
no es de este mundo.


V.
De las bestias que me acosan



BOSQUEJO PARA UNA RISA

¡Me río,
cuánto me río!
De todo me río,
de las calles superpobladas de imbéciles,
de los cementerios abarrotados de hipócritas,
de las iglesias repletas de mediocridad,
¡de Dios me río!
Del Dios que unos cuantos idiotas inventaron
estampando su inofensiva imagen
que recorre el mundo,
que carcome el cerebro,
que endurece la razón.

¡De todos me río!
de los débiles de espíritu y de cuerpo,
de los trabajadores y los ociosos,
de los harapientos me río,
de los que juran estar enamorados,
de los enfermos y las monjas.

¡Me río como loca!
De la guerra, de la sangre, de la injusticia,
(¡ante las desgracias suelo morir de risa!)
De las banderas, de las alcantarillas,
de las margaritas me río
de los ebrios y los golosos,
de los nobles, de los puritanos,
de la historia me río
de la huella, de los hijos,
del presente, de los caramelos,
de las huertas, del mar,
de mis manos me río.

¡Me río de mí!
De mi boca pobre, de mis caderas,
de mi vulva sedienta,
de mis ojos, de mis noches,
de mi soledad.

Pobre risa, vasta risa, dolorosa risa.
Risa de papel de diario, de hilos de cobre,
risa cruzada por un listón violeta.

Me río
siempre de lo mismo
que me hace llorar.


MIENTRAS TE ESPERO

No quiero sorprender más que a mis dedos
que no sabrán qué tecla elegir
para escribir lo que en este instante
están a punto de dictarle mis pezones,
(si es que logro sacar mi mano de él)
porque el éxtasis que me produce
pensar en tu lengua
me obliga a tocarlo
como si al hacerlo
la humedad de tu boca,
la succión, la presión desmedida
se hicieran presentes.

Debe ser que el frío
me condiciona a esperarte en la cama
aunque tardes más de cien horas
en colocar tus pies dentro de mis piernas.

Como sea, la tarde se calla,
aunque los árboles
siguen desparramando sus hojas
mientras la gente va por la vereda,
y vos cortás tus uñas
aunque le hayan crecido almas.


DEL DIA EN QUE NACI

Pasé por tantas terrazas
la tarde que decidí llegar
a esa ciudad lejana.
Salté de uno en uno los edificios,
me
l
a
n
c
é
desde lo alto
a los techos de las casas;
caminé por sobre las aguas
desafiando a un predicador
que decía que no podría hacerlo;
me subí a las alas de un pájaro
que me hizo sentir
las deliciosas sensaciones del vértigo.
En algún momento, agotada,
me dormí a los pies de un árbol.
Desperté sedienta
y bebí las gotas de lluvia,
elixir poderoso del cielo;
me hamaqué en los brazos de una margarita
que nacía a los costados del camino.

Cuando el sol se puso sobre mí,
dejé que quemara todos mis prejuicios
liberando mi alma virgen de amor.
Y cuando llegué a la estación,
más entera que nunca,
me miré en tus ojos
y entonces supe
a que había ido.

Esa tarde, bajo ese sol,
ante mis ojos asombrados,
tus manos tenían contracciones.

Fui a esa ciudad
un día de enero
a nacer.


DE LAS BESTIAS QUE ME ACOSAN

I/
Desnuda,
sobre un manojo
de cáscaras de manzanas.
Me huele una hormiga,
me muerde,
me arranca
este instinto vital
de ser Eva.

II/

Carraspea un verbo
después de haberse bebido
hasta la última gota de semen,
como si el sexo fuera
una maldita costumbre.

III/

Es un gran país mi imaginación
cuando ve manos voladoras
que copulan con dios,
cuando crema hipocresía
en el panteón de las nalgas.

IV/

Las uñas de la vida,
hurgan en las heridas
de un mundo
de papel.

V/

Dicen que estoy loca,
que en mi cerebro hay oxido,
que están los engranajes rotos,
pero nadie dice
que mi cerebro está tan ebrio
que nunca deja de vomitar.

VI/

Hagamos el amor como los ángeles.
Sin pene, sin vagina, sin lengua,
pero con las palabras capaces
de hacer explotar al alma
de un orgasmo.

VII/

Que se apague la noche de una puta vez:
quiero dejar de soñar que estoy dormida.



A falta de epílogo


CON LA NUCA AL REVÉS

Al ras del suelo,
con mi cabello sangrando,
barriendo los espermas
de dinosaurios, de ballenas,
de algún hombre que no dejó
más huella que el pobre sedimento
de sus lágrimas.

Arremetiendo contra las dunas,
las arenas resecas del desierto,
de un alma
que murió sin darse cuenta,
sin más erotismo
que el que cuelga de mis dedos.

Con la punta de la lengua,
marcando las entradas ciegas de los ojos,
vacía de razón y de sapiencia,
acuclillada en las escaleras
que llegan hasta el centro de la memoria,
sedienta de verdad y de justicia,
harapienta de poder, de maldad,
con la nuca al revés,
latiendo en las sienes,
hinchado el tiempo,
fingiendo ser un gusano más
entre los cadáveres de gatos y perros.

Nadando en las aguas revueltas
bajo el muelle de la inmadurez,
flotando en la atmósfera densa
de un atardecer machacado
por las alas grotescas de un pájaro.

Sonriendo al útero universal
que engendra fetos escuálidos
y pare días incompletos
sin horizontes, sin bondad ni compasión.

Soy yo una nadie más, como vos,
como él, como todos los yo,
y todos los vos y todos los él,
desde acá la nada,
desnuda de piel, ardiendo de dolor,
pero sobre mis pies
que empiezan a aplastar la vida
para que se meta adentro de mi cuerpo,
anémico por tanto sangrar
pero inmortal de tanto resistir.



Roxana Torres Neira
© Derechos reservados.
___________________

Colisión libros,
Poesía Caelus,
Buenos Aires, Noviembre de 2008.
Libro de edición Argentina.


6 comentarios:

derian dijo...

no sé si es tu mejor o peor poemario, lo único que sé es que me encanta, que cada uno de estos poemas me llegan por igual, a mí me fascina

Leandro dijo...

monumento.


Monumento.

Raquel Nieto dijo...

Ro,
Tu poemario es el cristal por donde te ves. Como un lente de contacto en tus ojos verdes.
Por momentos una realidad que brilla, por momentos una fantasía que hiere.
Simplemente, vos.
Te amo, y me emociona el lugarcito que me encontraste en tu dedicatoria.
Net.

Hombre de Neanderthal dijo...

Mujer no había visto esta entrada, me la había perdido, no sabía que había ssubido tu peomario completo, muchas gracias por eso, por este desprendimiento.

No le he leído todo aún, pero volveré para leerlo en su totalidad. he leído unos cuantos porque soy consciente de tu talento, y como era obvio, no defraudaron.
Algunos poemas que hasta donde leí me gustaron:
"Para que acabe esta noche"
"DERIVADO DEL DOLOR"
Y en especial "MUDANZA" me ha gustado mucho. Esa energía que dejamos en los lugares que son nosostros mismos también, que nos saben, que nos conoces, a veces mejor que nosotrs mismos porque no tienen la necesidad de ocultarse ni de negarse nada, todo eso no puede causar sino nostalgia, a pesar de que no soy nada nostálgico, al menos intento no serlo, quiero creer que todo tiempo futuro siempre será mejor.
Espero vovler pronto a segur leyendo.

Hombre de Neanderthal dijo...

Qué mal escribí ahí arriba!!

Acabo de leer tu comentario en mi blog Roxana, el cual me ha causado mucha sorpresa. Te agradezco el desprendimiento de tu parte por compartir tu libro conmigo, muchas gracias, te dejo mi correo para intercambiar mayores datos:
nelsonblopez@gmail.com

Espero que estés bien.

María dijo...

Roxana: me emociona esto.
Voy a leer y volver y seguir/leyendo este regalo que nos hacés. Un beso
amiga.
María