domingo, 30 de septiembre de 2012

Difícil escapar de uno mismo




Nada tiene importancia
a excepción de los momentos
escondidos en los ángulos de esta casa;
un ademán histérico finge imitar el sonido
de las palabras que hoy no voy a decir,
de las muecas que caen
ante la imponencia del último beso.

No hay espejo capaz de demostrar que existo,
ni personas con discursos suficientes.

Con absoluta anuencia de mi timidez
alumbro los días con el cándido resplandor
del escote que siempre oculté.
Resulta exultante comprobar
la fortaleza de la estructura que habito,
la debilidad con la que represento
un ser inanimado de dientes blancos
y pupilas exageradamente amarillas.

Recorro desnuda las calles sinuosas,
segura de tener una vida prolija
más aún que la ropa que no elijo,
que no lavo ni ensucio.

Quién sabe cuál será el último día,
y sin embargo no me esfuerzo
por encontrarme,
por reconocerme en los gestos,
en las actividades rutinarias
de una espalda quebrada por el peso
de los años,
de las muertes,
de las despedidas.

Me doy cuenta de que muchas veces
repetí de memoria frases que hoy
me resultan impronunciables,
convencida de que era esa
la manera válida de vivir,
pero no siempre resultó agradable
hacer lo que sentía,
ni defender mis discursos
autoproclamándome auténtica.

Viví tiempos promiscuos
en los que sólo me hacía ruborizar
la escasa cifra estampada
en el recibo de sueldo.
Aún así reconozco el ardor
que se siente cuando la sangre
se acumula en las mejillas
ante la mención de una única palabra.

Esta noche nada resulta fácil,
ni siquiera mantenerme en pie
mientras el agua de la ducha
promete alisar las arrugas
hasta hacer desaparecer el dolor.


miércoles, 27 de junio de 2012

Dejáme vos


Se produjo un milagro en Junio,
quizá un espejismo:
el calor de tus mejillas
partió en mitades exactas
el invierno.

Un sí tembloroso
escapó de mis labios hinchados,
vos, un caballero que empezaba
a dejar de serlo,
rodeaste mi cintura
con la premura del hambriento.

Engendramos alegría
y parimos felicidad.

No me mires ahora con tristeza,
esos ojos aniñados
no deben cubrirse
con un manto de tortura.

Las flores que alimentaste
cuidadosamente con  tu risa
y que como enredadera
cubren por completo
cada espacio de mi cuerpo,
se esparcen salvajes
sobre la cama,
ese es mi legado.

Dejáme vos
inmersa en la necedad
de retenerte como sea,
dejáme vos
si ves que yo no puedo.

No temas que la muerte
me lleve hacia su abismo
de oscuridad y mugre;

morir es poca cosa
perderte es lo que duele.

jueves, 7 de junio de 2012

Lo bueno dura poco


Me resisto a enterrar
las mejillas calientes,
los labios hinchados,
los latidos.
No quiero hacer de cuenta
que no me duele,
no quiero disfrazar
las muecas agrias.
Es cierto que lo bueno
dura poco,
pero me resisto
a enterrar
la propuesta solemne
de compromiso.
No me importa
sangrar por la herida,
resbalar de tu cuerpo
hubiera sido patético
en cambio me encumbraste
al arrancarme.
Se nos quebró el presente
de tan sólido,
de tanta embestida
desenfrenada.
Fue en el último abrazo
que lo supe,
me estremecí 
al escuchar
ruido a roto.
Se me rompió la vida
y no pude ser dique fuerte
cuando te desbordó
la libertad.

lunes, 13 de febrero de 2012

Vos Yo que hicimos tanto por mí



Dentro de unas horas
esta noche habrá estallado.
¿Qué voy a hacer conmigo?
¿Con esta casa que quise tanto?
¿Qué voy a hacer con las plantas,
con las gatas, los escombros?
¿Qué voy a hacer con el oculto sueño
de sonreír sin razones?

Ya se escuchan los primeros gritos
indefensos como los que ayer
aturdieron mi adolescencia precoz.
Voy a irme antes del impacto
con los dedos rotos
el llanto ahogado en la mochila.

Y vos que hiciste tanto por mí
¿qué vas a hacer con los cuadros
con los libros,
con los pedazos de piel
con los cuadernos,
con la angustia de tenerme
eternamente
encerrada en tus ojos?


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Contame y te cuento



El humo se queda pegado
a las paredes,
baja aletargado hacia la ventana
se escabulle igual que vos
después de la cena.
Hay que entender sin mirar tanto
sin escuchar entender
sin hablar.
Contame de tus años mozos
de cuando le echaste agua
al tablero de alta tensión,
contame del día que te perdiste
camino a tu clase de fotografía
en Recoleta.
Vos no tenés talento para narrar
pero describí tu primer beso,
las cosquillas de tu panza mejor.
Yo te puedo contar de mí
algunas cosas que todavía no sabés.
Nunca fui tan pobre antes de ahora
tampoco tan rica.
Muchas veces tuve los ojos vacíos
y otras por demás llenos,
las manos, las carteras,
los cuadernos, el útero.
Contame y yo te cuento
como si estuviéramos leyendo
uno de Ruiz Zafón,
aunque a mí no me guste
y te mienta lo suficiente
para hacerte feliz.