domingo, 6 de febrero de 2011

Están de estar, cambiar de cambio



Verlos me dio muchísima nostalgia,
tuve que apretar varias veces la garganta
y contener tras los párpados
las lágrimas que me hicieron arder los ojos.
Hace tiempo, no sé cuánto,
nunca tengo demasiada noción
del paso de los días,
solíamos estar juntos.
Casi siempre en esta casa,
viendo películas, comiendo, gritando,
jugando póker a veces,
otras simplemente estando.
Hubo días en los que íbamos al cine o al teatro:
el recital de Sabina, los custodios,
pizza en Las cuartetas, en fin, variado.

A él lo conocí cuando todavía usaba máscaras,
con los demás claro, nunca conmigo.
Por esas épocas solíamos pasar horas hablando,
discutiendo, llorando, inventando historias
en las cuales éramos los únicos protagonistas.
A ella la conozco desde que la engendraron,
desde que vi en su cuerpo mis gestos,
las mismas líneas que conforman el mío,
la idéntica terquedad innegociable
impresa en el mentón.

Las cosas cambian, las personas, el mundo,
cambiamos con resignación,
de buenas a primeras odiamos lo que amábamos,
destrozamos lo que nos llevó toda la vida
mantener entero.

Se fueron con la formal intención
de que la próxima vez las cosas podrían
volver a ser como eran,
y yo les creí, les devolví
la promesa con un silencio cómplice,
sin embargo y a pesar de que pasaron
unas cuantas horas,
sigo apretando la garganta
aunque ya no me importa contener
el líquido que ahora cae
mansamente
desde mis ojos.

3 comentarios:

Hombre de Neanderthal dijo...

Es cierto, de buenas a primeras, dos completos extraños, como jugando, se convierten en amantes y luego, sin quererlo, en enemigos, de buenas a primeras...

Muy bueno lo tuyo, Ro.

Alan Brian dijo...

Siempre hay cambios, siempre...la cuestión es saber aprender, adaptarse, dejarse llevar y confundirse con ellos...
Mis saludos...

Ro dijo...

Así es, Nelson, de buenas a primeras.
Gracias!


Alan, bienvenido! gracias por tu huella.