domingo, 19 de septiembre de 2010

Fin



Fue un domingo
terminaba pascua.
Como frío testigo
soplaba el último aliento
de un marzo
que moría lánguidamente.
Las primeras hojas
aún verdes del otoño
caían en cámara lenta.
En el comedor,
sobre el modular,
un huevo enorme de chocolate
yacía recostado
al costado de
la tregua.
En el sillón,
los almohadones
se amontonaban unos con otros
ocultando el beso
que dio la señal de largada.
Se escuchan aún
los ecos de las risas,
la tonadita tímida
del recién llegado,
arden en las paredes
las mejillas coloradas
de una niña
de labios vírgenes.
Atizaron el fuego
con las cuatro manos delgadas,
y el idealismo adolescente
de eternidad.
Fue abril agua de bautizo
regando la unión,
volviendo incoloras
las cicatrices.

Todo debería terminar
con la extinción
de los recuerdos.

3 comentarios:

val dijo...

Señora que decirle es un poema genial que en cada palabra impregna los ojos de melancolía.

Quiero más... mucho más así que espero desde este rinconcito a que se ilumine jjaja.

Besitos muchos.

Walter Faila dijo...

Maravilla >Rox, que grato es tenerte cerca a través de tu poesía y en el corazon de amigo y hermana espiritual, te quiero mucho, un beso amiga, los extraño, sigue escribiendo, estas en un gran momento.-

Ro dijo...

Señorita, esa es la idea, de más. Siempre más.
Mis besos, desde acá y ahí mismo.


Walt, en el corazón, eso es y a través de la palabra.
Te extrañamos también, que bueno leerte.
Abrazo enorme.