sábado, 30 de abril de 2011

Vos sabrás



De repente una tarde
estabas acá en el comedor
en una orilla de la mesa,
escondiendo tu risa escandalosa
detrás de una mueca forzada.
Yo no paraba de hablar,
servir, observar,
vos aprobabas.
No sé bien cuándo empecé a verte
pero sí que no pude dejar de mirarte.

Todo este tiempo, desde que estás,
desde que estamos,
deambulo por la casa
desnuda de ropa y de recuerdos,
tomo la pastilla para la presión,
me hago sacar las muelas,
sacudo la cabeza por no decir que no
y cuando es sí, grito hasta
que las paredes me tragan.

No recuerdo cuándo acaricié
tus cabellos, la nuca, detrás de las orejas,
cuándo bucee en tu entrepierna
sedienta de vos, de la que sos adentro.

Vos verás, sabrás,
la poca memoria me margina,
el dolor en la columna, en las manos,
en el medio del pecho, en el alma,
la pequeña muerta, las otras muertes,
los despojos,
vos sabrás lo que queda de mí,
lo que te queda.

Yo quiero, por vos,
encontrar a la muerte
y arrancarle a tu padre
para dártelo de nuevo,
quiero deshacerme las piernas,
descarnarlas, armarlas sobre tu fémures,
quiero encontrar algo, alguien,
para después, para la ausencia,
la cama, la calle, la lluvia,
los domingos, los mates, la cerveza,
las palabras nuestras que no entienden
los que entienden tanto.

2 comentarios:

José A. García dijo...

Pero... ¿Y si en verdad no lo sabe?

¿Hacemos todo para nada?

Saludos

J.

Hombre de Neanderthal dijo...

Qué poder. Lo terminaste como para no dar tregua ni resquicio alguno:
"las palabras nuestras que no entienden, los que entienden tanto."

¿Siempre necesitamos de alguien para poder liberarnos?