domingo, 26 de junio de 2011

Después de un tiempo



Lo primero en cambiar son las manos,
los dedos dos milímetros más cortos
cada año, aparecen nuevas líneas
en las palmas, estrías en las uñas,
las muñecas empiezan a ser
víctimas de sobrepeso.

Partículas de tierra se acumulan
en los leves pliegues de las mejillas,
debajo de la nariz, sobre los párpados.

Entre los dedos de los pies
el dolor de todos los pasos,
por toda victoria la miseria
de cada guerra.

Peregrinando, arremetiendo,
soportando, estrujando otoños
contra el pecho, desandando,
alzando la voluptuosa pesadumbre
del tiempo, ocultando,
combatiendo la humedad la sequía,
pariendo, extrañando,
incluyendo a dios en los ruegos,
de a poco despareciendo,
mutando.

El sabor a miel y canela
de tus lágrimas de hoy
sabrá agrio mañana,
en las grietas
de mis labios viejos.

5 comentarios:

Hombre de Neanderthal dijo...

Meláncolica, Ro.

Ro dijo...

Así es Nelson, pura melancolía.
Leí tus otros comentarios, y me gustó encontrarlos.
Gracias.
Un beso.

José A. García dijo...

El tiempo pasa, no hay cómo evitarlo...

Saludos

J.

cabezademonte dijo...

Del paso del tiempo, de las mutaciones sobre el cuerpo al igual que sobre las hojas, o los árboles, o los relojes. Precioso texto!

Saludos,

Ro dijo...

Así es José, inevitable.
Gracias!


Javier, eso hace el tiempo y alguna cosilla más.
Gracias!